Parece que la “ola polar” sorprendió al gobierno como el segundo gol de Alemania a Maradona. Evidentemente no se lo esperaba. Lo paralizó. Y cuando comenzaba a recomponerse y se decidía a ensayar algún cambio… vino el tercer gol y la historia se cristalizaba, no en cuanto resultado porque como ya sabemos, a los pocos minutos vino el cuarto… y suerte que se terminó el partido.
El tema es que cuando un hecho, sea un “gol” o una “ola polar –en pleno invierno-“ que por naturaleza son absolutamente previsibles, por definición no los podemos catalogar de accidentes. Y si fueron “previsibles” se podían haber evitado. No los hechos en si mismos sino sus consecuencias.
Como los goles en los partidos de fútbol, las heladas en invierno se deben prever. Y no es tan complicado, suceden TODOS los años.
Ahora, vino la ola polar y que pasó. Primero, para que el impacto no llegue a la ya vapuleada sociedad civil, considerando a cada individuo como un voto, entonces nuevamente se le corta el gas a las grandes empresas. Así, de golpe. Y éstas empresas, más de 300, pierden –así de golpe- más o menos U$S 1.000.000.- por día.
Entonces, el gobierno, por medio del ministro De Vido, (desde Beijing) saca del cajón de los recuerdos el PET (Plan de Energía Total) aplicado en 2007, donde ofrece a las empresas hacerse cargo de los mayores costos que producirá sustituir el gas por combustibles alternativos. Dice que para ello destinará unos U$S 1.000.- millones.
Como podemos ver, el único COSTO que evalúa el gobierno a la hora de tomar decisiones, es el POLITICO.
De todas formas, el plan, como todos aquellos que no priorizan el BIEN COMUN, tiene irremediables fallas. Y las fallas, más allá de las netamente económicas, que ni siquiera se habrán mensurado en profundidad, están en el “mientras tanto”. Ese famoso “mientras tanto” que lastima a tanta gente y deja huellas dolorosas. El DESEMPLEO.
Por supuesto. Mientras tanto se ponen en práctica los mecanismos necesarios para que las empresas puedan volver a un funcionamiento relativamente normal, miles de trabajadores han visto como sus trabajos se precarizaron. Los trabajadores por temporada sufren hoy la eliminación de turnos de trabajo, la reducción de horarios etc. Y en éstos casos, cuando no se trabaja no se cobra.
Definitivamente esto no fue un imprevisto. No hubo un accidente. Lo único que ocurrió es que parte de la sociedad paga el precio de la falta de previsión y porqué no decirlo, la desaprensión de los funcionarios responsables. La sociedad paga éste “menor” costo político de sacarles a unos, darles a otros y dejar sin trabajo a muchos además de producir una importante merma en los índices de producción.
Aunque no parezca, TODOS nos perjudicamos incluso el autor de ésta nota que está cómodo con su notebook, tomando un té y con la estufa encendida.
PD. Y si hay alargue y la ola polar dura 30 minutos más???
Hasta la próxima!
Gabriel Horacio Figueroa
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julio 17, 2010 en

