En 1997, Jeremy Rifkin, en su brillante obra “El Fin Del Trabajo” decía: “En la vecina China, donde la mano de obra ha sustituido tradicionalmente las inversiones de capital, algunos funcionarios gubernamentales han anunciado una amplia reestructuración de las fábricas y una puesta al día de los equipos, para poder suministrar a la nación más poblada del mundo una ventaja competitiva en los mercados mundiales”.
Y efectivamente parece que éstas reestructuraciones han dado resultados y por supuesto han provocado consecuencias. Una de ellas, prevista, fue el fortalecimiento de las ventajas competitivas y otra fue el desarrollo y crecimiento “puertas adentro”. Un consumo interno nunca visto. Millones de Chinos que, no obstante no haber perdido su inigualable “humildad” han percibido el efecto positivo en su economía de esas inversiones de capital. Cómo no habrían de percibirlo si son la 2da economía del mundo.
Y los obreros comenzaron a darse cuenta de su verdadero “lugar en el mundo”. Y no solo los obreros, sobre todos los “trabajadores migrantes” se dieron cuenta de que algo estaba pasando. Y ese “algo” a lo que nos referimos es una creciente ola de huelgas que hizo que hasta el primer Ministro Wen Jiabao haya dicho hace unos meses dirigiéndose a un grupo de trabajadores que “El Gobierno y el público deberían tratar a los jóvenes inmigrantes como a sus propios hijos” Y en China nada se dice por azar, y menos frases dirigidas a los trabajadores… son muchos.
El origen de las huelgas. El más dramático. El suicidio de 11 empleados chinos que trabajaban para el gigante taiwanés Foxconn, proveedor de Apple; Dell y Hewlett Packard.
Las consecuencias de las huelgas. Los chinos se negaban a vivir con U$S 190.- mensuales. O sea: paros y aumentos de salarios multiplicados por gran parte del gigante asiático. Los jóvenes ya no están dispuestos a aceptar las extensas jornadas de duro trabajo por salarios de hambre como lo hicieron sus ancestros. Y sí… todo cambia.
De ésta forma, China, va camino no tan lento pero si seguro, a dejar de ser aquella tierra en la que el “costo laboral” no era una variable en la ecuación productiva. Pareciera que de aquí en más, a éstos trabajadores humildes, silenciosos, y obedientes que por cultura jamás se retirarán de la fábrica antes que sus jefes, vamos a tener que pagarles por ello. Su silenciosa efectividad deja de ser barata, al menos su costo va a ocupar espacio físico en los libros contables y sobre todo va a impactar en el bolsillo de los futuros inversores que deberán rehacer sus cálculos antes de establecerse en el Gran país de oriente.
Ya no “todos” los chinos son pobres. Algunos son ricos. Y en China, cuando hablamos de “algunos” nos estamos refiriendo a varios millones, o decenas de millones por lo que su consumo interno también comienza a resultar atractivo para el productor local. Si el país más poblado del mundo consume aquello que solo fue fabricado para exportar, incluso bienes de lujo… seguramente alguien estará repensando la dirección de sus intereses.
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agosto 8, 2010 en

